A.R.T.E.ArtículosOpiniónEl avisador 2.0

12/08/2016

Si hay algo que pudiera describir la era en la que nos encontramos, posiblemente sería la del nacimiento y generalización de las Redes Sociales. Entornos virtuales donde usuarios comparten y comentan contenidos y archivos de todo tipo. Algo muy de agradecer en muchos casos, sobre todo en el ámbito profesional; tenemos, casi en tiempo real, artículos especializados y actualizados con un simple click…algo que hace unos años requería una tediosa tarea de búsqueda. Pero no todo iba a ser color de rosa.

Desde hace ya algún tiempo veo cómo se comparten, en diferentes grupos y foros, fotos de patrullas de la Guardia Civil de Tráfico escondidos en algunos puntos de nuestras carreteras, a modo de aviso preventivo al resto de la manada. Algo que se incrementa con la llegada de épocas del año en las que se activan operaciones salida y retorno. Alguno parece que llega a tomarse la molestia de pararse para tomar la foto bien cerca y con todo lujo de detalles para no escatimar en información visual (ubicación, modelo del radar móvil, matrícula, etc…)

Casi todos los mencionados grupos de usuarios critican dicha práctica, siempre girando en torno al supuesto afán recaudatorio del “malintencionado” gesto. Sin reparar en que detrás de toda sanción siempre hay una infracción, ni en otras connotaciones imprudentes que pudieran asociarse a dicha infracción.

Como todos los veranos de estos últimos años, cada vez que voy a trabajar me tengo que desplazar unos 90 km de ida y otros tantos de vuelta. Además del respeto que le tengo a la carretera (agudizado por los auténticos dramas y atrocidades que he atendido ejerciendo mi profesión en el ámbito extrahospitalario), cada año que pasa voy sumando más miedo al ver la cantidad de barbaridades que se perpetran al volante diariamente. Mención especial, por su frecuentación, merecen:
– El clásico y omnipresente indolente que lleva su coche a la máxima velocidad que el motor llegue a alcanzar, usando la vía como su pista de despegue particular.
– El que sigue haciendo uso del móvil sin reparo ni vergüenza alguna, pese a las múltiples campañas en todos los medios y la cantidad de dispositivos manos libres que existen en el mercado.
– El impresentable violador de distancias de seguridad que, en pleno delirio de control milimétrico de su vehículo, pega su morro al maletero del turismo que le precede, para “intimidarlo y forzarlo” a quitarse de su camino entre ráfagas de luces y pitadas.
– El fan de Fernando Alonso que, intentando emular las salidas de su ídolo, zigzaguea de carril en carril para adelantar a todo el que se vaya encontrando por delante conforme avanza.
– El “despistado” al que han tenido que recordarle, otra vez, con otra campaña más, un año más, que el uso del cinturón de seguridad es obligatorio por razones que ya debiera tener meridianamente claras.
Todos perdiendo de vista que el accidente es cuestión de milésimas de segundo. Todos perdiendo de vista que el accidente puede venir por una maniobra ajena y por donde menos se espera. Todos perdiendo de vista que, por las leyes de la física, una detención brusca accidental a 100 km/h equivaldría a una caída libre de más de 30 m. Fuerzas lesivas que se multiplican exponencialmente según aumenta la velocidad y que, transmitidas a órganos vitales, pueden producir lesiones mortales en el acto.

Y no quisiera dejar pasar la oportunidad de recordar a otro clásico ilustre, menos virulento, pero igual de maleducado que los anteriores: el dueño de la carretera. Aquel que, por norma general, circula impasible por el carril de la izquierda, aunque detrás de él lleve una cola considerable de vehículos que, respetando los límites permitidos, tratan de hacer un uso correcto de dicho carril.  

¡Y esto se ve todos los santos días en nuestra red de carreteras! Por ahora no he tenido la suerte de ser rebasado por ningún fenómeno de los que menciono y verlo después, varios kilómetros más adelante, detenido por las Autoridades recibiendo su correspondiente sanción y explicación. Simplemente he sido rebasado infamemente en multitud de ocasiones; a secas.

¿La clave de todo esto? La falta de civismo y la estulticia de algunos, la pasaremos por alto, porque merecerían su estudio aparte. Multifactorial, pero “sospecho” que la falta de educación vial, desde bien pequeños, es factor determinante. Es algo que ahora no podemos solucionar para los que ya están en posesión de la licencia de conducción, pero que debiera trabajarse específica y minuciosamente para generaciones venideras. Tampoco parece que, por los tiempos que corren, se pueda hacer mucho más en lo que respecta al incremento de medios y profesionales dedicados a la vigilancia de la seguridad del tráfico. Es por ello que, en vista de lo visto, solo me queda exclamar: ¡poco sancionan para lo que debieran! En ausencia de sentido común, prudencia, educación y responsabilidad al volante, toda vigilancia a pie de asfalto y desde el aire en favor de nuestra seguridad en carretera, ¡es poca!

Avisadores 2.0, si lo que os saca de vuestras casillas es el afán recaudatorio, lo tenéis bien fácil: respetad la norma y se lo pondréis difícil al recaudador. Y si queréis seguir advirtiendo de dónde se colocan los agentes, radares y demás, a vuestros amiguetes y familiares, hacedlo…pero flaco favor nos hacéis a los que tenemos una vida y un lugar al que llegar.

 

Luis Ayala Jiménez.
Médico especialista en MFyC. Servicio de Urgencias.
Instructor en Soporte Vital Avanzado al Trauma y Cardiológico por el PNRCP.
Experto Universitario en Atención al Trauma Grave por la UNIA.

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